jueves, 15 de abril de 2010

Gracias por las memorias, aunque no hayan sido del todo buenas.

Noviembre. Me gustas
Diciembre. Me gustas. ¿Por qué estás con ella y no conmigo?
Enero. Me gustas, aunque ya terminaron.
Febrero. Me gustas, y eres mío.
Marzo. Me gustas, y eres más mío que antes.
Abril. No sé que pensar...

Aún puedo recordar la primera vez que te vi...te odié.
Aún puedo recordar la segunda vez que te vi...me empezaste a gustar por tu personalidad y no sólo por tu físico.
Aún puedo recordar la tercera vez que te vi...moría de los celos.
Aún puedo recordar la cuarta vez que te vi...estaba aún más celoso.
Aún puedo recordar la quinta vez que te vi...me hiciste feliz.

Desde ese día, aún con tus miedos e inseguridades, puedo asegurarte que fui más feliz de lo que nunca había sido. Eres la única persona a la que he besado más de una vez, y es que nadie más se merecía el privilegio de besar mis labios. Estuve en un mundo ficticio de unicornios y hadas por treinta largos días, que parecieron meses, ya que luego me demostraste no ser quién yo pensaba.

Aún con esos mismos miedos e inseguridades que mencioné arriba, puedo decir que viví muchas cosas contigo, cosas que estoy feliz que no hayan sido con nadie más, aun cuando todo fue una larga ilusión. Te llegué a querer, si...pero tus palabras, no tus acciones, derrumbaron todo. Por más que uno tenga miedo al compromiso, y más en tu caso, el querer es algo instintivo en los seres humanos, y hasta a la vecina molesta con siete gatos, o el carpintero sudoroso y feo, uno puede decirle que lo quiere. Pero aparentemente bajo ese mundo de vecinas y personal de servicio, y bajo otro gran conjunto indeseado de personas, me encontraba yo.

Yo, queriéndote. Queriendo hacerte feliz, queriendo mejorar tus días, queriendo protegerte, queriendo cada centímetro de tu cuerpo.

Tú, sin palabras. Después de bellos momentos, risas, días, tardes y noches, seguías sin decir las palabras.

Y claro, diría cualquier persona ajena a lo nuestro, ¿qué importa lo que me digas cuando tus acciones me demostraban mucho más? Claro, cuando tu falta de palabras se juntaba con tus malos humores, amargura y ausencia de cumplidos hacia mí, era la receta perfecta para el desastre.

Cuando recuerdo nuestra penúltima "cita", si a eso puedo llamarle de esa manera, lo único que me provoca es ir a tu casa y golpearte, para luego llorar en tus brazos pidiéndote perdón. Y es que hasta Giselle se quedó pendeja con la manera en la que me trataste, y eso, sumado a nuestro lindo pero tormentoso pasado, hizo un cambio dentro de mi.

Cambios para bien, cambios para mal. Lo que sentía por ti era el Sol, ahora es del tamaño de una isla. Era una calabaza, y ahora es un guisante. Era de todo y más allá, ahora es algo por lo que tengo que escarbar. Y el problema radica en que ese verso sin esfuerzo que acabo de escribir me tuvo más involucrado que el demostrarte que me sigues importando. No te lo demuestro no porque quiera darte tu espacio, no te lo demuestro porque me cuesta saber que la chispa que encendiste dentro de mi sigue viva después de tantas lluvias dentro de mi corazón.

Te quise, lo hice y lo admito. ¿Te quiero?, no lo sé...

No eras el que pensé, no eres el que pensé y nunca lo serás hasta que no abras tus sentimientos hacia mi. Esto no es un adiós, es un "no me quiero despedir aun, pero me dan ganas de hacerlo".

Gracias por las memorias, aunque no hayan sido del todo buenas.

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